La inyección de resinas epóxicas y poliuretánicas permite enfrentar fisuras activas en estructuras de concreto, combinando criterios de diagnóstico, selección de materiales y control técnico en obra. Comprender cuándo priorizar la recuperación estructural y cuándo garantizar la estanqueidad es decisivo para lograr reparaciones durables y funcionales en proyectos de construcción.
Las fisuras en elementos de concreto y mampostería representan una patología constructiva que, si no se atiende oportunamente, puede afectar tanto la durabilidad como la seguridad estructural de una obra. Más allá de ser un defecto estético, una fisura activa —es decir, aquella que presenta movimiento o filtración de agua— complica la intervención porque exige materiales y procedimientos que interactúan con condiciones dinámicas en el elemento.
En este contexto, las metodologías de inyección con resinas epóxicas y con resinas poliuretánicas se han convertido en herramientas especializadas para rehabilitar estas fisuras de forma eficaz cuando su uso se fundamenta en criterios técnicos y en un entendimiento profundo de las propiedades de los materiales.

NATURALEZA Y DIAGNÓSTICO DE FISURAS ACTIVAS
Antes de escoger una metodología de inyección, es importante comprender qué significa que una fisura sea “activa”. Una fisura activa puede manifestarse por movimiento debido a cargas cíclicas, asentamientos o variaciones térmicas, o por la presencia de flujo de agua inducido por gravedad o presión hidráulica. Esto implica que la intervención no puede limitarse a llenar un vacío, sino que debe considerar las condiciones de servicio del elemento —temperatura, humedad, dinámica de cargas y condiciones de exposición— antes de cualquier reparación.
El diagnóstico incluye medir la amplitud de apertura, comprobar si existe flujo continuo de agua y evaluar la trayectoria interna de la fisura, lo cual puede requerir técnicas no destructivas como ultrasonidos, termografía o ensayos con tintas penetrantes. Este diagnóstico no sólo define la elección del material de inyección, sino la estrategia de ejecución, ya que en fisuras activas las condiciones cambian en tiempo real y pueden interactuar con los reactivos.
Este enfoque preventivo y analítico es clave para evitar soluciones cosméticas o superficiales que, aunque puedan detener visualmente una filtración momentánea, no solucionan el fenómeno de fondo que causa apertura o flujo (ya sea movimiento estructural o presión de agua).
RESINAS EPÓXICAS: PROPIEDADES, APLICACIONES Y LIMITACIONES

Las resinas epóxicas de inyección son sistemas bicomponentes —resina y endurecedor— con capacidades de alta adhesión y rigidez que, una vez curadas, pueden desarrollar resistencias mayores que el propio concreto. Este atributo las hace idóneas cuando el objetivo es restituir la integridad estructural de un elemento que ha perdido continuidad interna por fisuras que comprometen su resistencia, rigidez o capacidad portante. En términos técnicos, la resina epóxica puede penetrar fisuras muy finas (del orden de fracciones de milímetro) y generar un vínculo monolítico entre las caras fracturadas.
Sin embargo, las resinas epóxicas responden óptimamente en condiciones secas o ligeramente húmedas. La presencia de agua en la fisura puede impedir la adhesión química y física del epoxi al sustrato de concreto, lo que limita su uso en fisuras con flujo activo de agua. Además, una vez curadas, estas resinas son rígidas y no toleran bien los movimientos posteriores de la fisura —tales como los causados por variaciones térmicas o cargas dinámicas— lo que puede provocar la reapertura de la fisura o la fractura local de la resina.
El procedimiento típico de inyección epóxica inicia con limpieza y preparación de la superficie, instalación de puertos de inyección a intervalos calculados según la longitud de la fisura y la geometría del elemento, aplicación de un sellador superficial para evitar fugas y la dosificación controlada a presión de la resina a través de bombas especializadas. El control de presión, la viscosidad del epoxi y la temperatura de aplicación influyen directamente en la capacidad de penetración y el éxito de la reparación.
RESINAS POLIURETÁNICAS
Las resinas poliuretánicas ofrecen una respuesta técnica distinta. Su química permite que reaccionen directamente con la humedad o el agua presente en la fisura, expandiéndose para formar espuma o gel que sella el paso del agua. Esta característica convierte a los poliuretanos en una solución natural para reparar fisuras con flujo activo de agua, ya que su reacción con la humedad es parte de su mecanismo de sellado.
Elegir entre resina epóxica y poliuretánica implica un proceso de decisión basado en criterios técnicos que responden a las condiciones de servicio, la naturaleza de la fisura y los objetivos de la reparación.
A diferencia de las epóxicas, las resinas poliuretánicas no restauran la continuidad estructural; su uso está orientado a la impermeabilización y estanqueidad, incluso en condiciones adversas de saturación, suciedad o presencia de depósitos dentro de la fisura. La espuma generada puede expandirse varias veces su volumen inicial, lo que facilita el llenado de vacíos irregulares y la formación de sellos en fisuras de anchuras variables o con trayectorias complejas.

Esta expansión, junto con cierta elasticidad post-curado, permite además absorber pequeñas deformaciones posteriores sin perder estanqueidad, lo que es útil en elementos expuestos a movimientos cíclicos o asentamientos leves. Sin embargo, la baja rigidez de los poliuretanos limita su aplicación en casos donde se requiere restaurar resistencia mecánica o rigidez estructural significativa.
SELECCIÓN DEL MÉTODO: CRITERIOS TÉCNICOS Y DECISIONES DE DISEÑO
Elegir entre resina epóxica y poliuretánica implica un proceso de decisión basado en criterios técnicos que responden a las condiciones de servicio, la naturaleza de la fisura y los objetivos de la reparación.
Cuando la fisura afecta a elementos de carga o a la integridad estructural, como pilares, vigas, losas o conexiones críticas, la inyección epóxica es la opción predilecta, siempre que se pueda controlar la humedad o se realice un pretratamiento para secado. Por el contrario, en condiciones donde existe filtración activa de agua, presión hidráulica o se anticipa movimiento posterior, las resinas poliuretánicas son superiores porque su capacidad de expansión y adherencia en húmedo permite garantizar estanqueidad continua.
En tanto, en escenarios mixtos, por ejemplo, una fisura en una viga que también presenta filtración superficial, se puede combinar ambas metodologías: primero se inyecta epoxi en las zonas críticas para recuperar rigidez y luego poliuretano en la trayectoria de la fisura para asegurar impermeabilidad completa. Esta estrategia requiere una planificación precisa del orden de operaciones y la compatibilidad entre materiales, conjugando propiedades mecánicas y de sellado para lograr un desempeño sostenible en el tiempo.
HERRAMIENTAS Y CONTROL DE LA EJECUCIÓN
El éxito de una inyección radica no solo en la selección del reactivo, sino en la habilidad del equipo técnico y el control de la ejecución. En inyección epóxica, el uso de bombas de presión controlada, sistemas de dosificación automática y puertos bien sellados permite introducir la resina con un régimen de presión que minimiza la introducción de aire y vacíos. La preparación de la fisura —aspirado de polvo, lavado, secado local— es crítica para asegurar una buena adherencia del epoxi.
Para poliuretanos, el manejo del material implica entender la velocidad de expansión y el tiempo de gelificación, que puede variar con la temperatura y la cantidad de humedad presente. El uso de boquillas de inyección específicas y sistemas que permiten introducir el reactivo en puntos estratégicos ayuda a garantizar que la espuma rellene cavidades sin generar presiones que puedan causar desprendimientos locales del concreto.
Además, el control de la presión de inyección, monitorizado continuamente, evita daños colaterales o introducción de material en zonas no deseadas. En fisuras muy largas o complejas, la inyección se realiza en etapas, verificando la saturación de cada segmento antes de proceder al siguiente.
INSTALACIÓN, SECUENCIA Y CONSIDERACIONES EN OBRA
La puesta en obra de metodologías de inyección con resinas exige una secuencia técnica rigurosa. Inicialmente se realizan marcas y sondajes para determinar la trayectoria de la fisura y la ubicación de los puertos de inyección. En fisuras activas con flujo de agua, es común efectuar un prelavado de la fisura y, cuando es posible, controlar provisionalmente el flujo para favorecer la penetración del material.
Posteriormente, se colocan los puertos de inyección o packers a intervalos calculados en función de la longitud y el ancho de la fisura, sellando la superficie externa para evitar fugas del material inyectado. Luego se ejecuta la inyección escalonada, desde el extremo inferior de la fisura hacia arriba, o de acuerdo con la topografía del elemento y el comportamiento del flujo de agua, permitiendo que el material inyectado se distribuya de manera progresiva y complete el relleno de la fisura.
La baja presión de inyección es una práctica común para epóxicos (entre 20 y 200 psi en sistemas típicos), lo cual facilita el control del avance del material sin causar desplazamientos no deseados. En poliuretanos, puede requerirse presión ligeramente superior para asegurar que la espuma se despliegue a través de toda la trayectoria.
CONTROL DE CALIDAD Y EVALUACIÓN POST-REPARACIÓN
Una vez concluida la inyección, el control de calidad no debe limitarse a verificar visualmente que la fisura haya desaparecido o que la filtración se haya detenido. La evaluación post-reparación implica comprobar que el material haya penetrado adecuadamente y que la solución sea compatible con las condiciones de servicio de la estructura. En el caso de fisuras con ingreso de agua, es fundamental realizar pruebas de estanqueidad bajo condiciones similares a las reales, verificando que no se produzcan nuevas filtraciones tras la reparación.

En estructuras de mayor complejidad, la eficacia de la inyección puede evaluarse mediante ensayos no destructivos, como ultrasonidos o métodos de respuesta superficial, que permiten detectar vacíos internos o zonas mal rellenadas. Estas técnicas aportan información objetiva sobre la continuidad del material inyectado y su integración con el concreto existente, reduciendo la incertidumbre sobre el desempeño real de la reparación.
Desde el punto de vista del control de calidad, también es relevante evaluar la compatibilidad del material inyectado con el comportamiento futuro del elemento. En fisuras activas, una reparación técnicamente correcta puede fallar si el material seleccionado no acompaña los movimientos posteriores previstos en la estructura. Por ello, la evaluación después de la reparación debe considerar no solo la ausencia inmediata de filtraciones o la correcta solidificación del reactivo, sino también la respuesta del sistema reparado frente a cargas de servicio, vibraciones, ciclos térmicos o variaciones de humedad.
Asimismo, la documentación del proceso forma parte integral del control de calidad y resulta clave para la gestión técnica del proyecto. Los registros deben incluir condiciones ambientales durante la inyección, tipo y lote del material empleado, presiones aplicadas, tiempos de reacción y curado, así como observaciones relevantes durante la ejecución. Esta información no solo permite validar la correcta aplicación de la metodología, sino que constituye un respaldo técnico ante eventuales reclamaciones o mantenimientos futuros. En un enfoque moderno de gestión de activos, la inyección de fisuras se integra como una acción dentro de una estrategia más amplia de conservación y monitoreo estructural.
IMPACTO DE LA INYECCIÓN EN LA DURABILIDAD Y EL DESEMPEÑO DE LAS ESTRUCTURAS
Cuando las metodologías de inyección se aplican correctamente, su impacto va más allá de la corrección puntual de una patología. El sellado eficaz de fisuras reduce la entrada de agentes agresivos como cloruros, sulfatos y dióxido de carbono, retardando procesos de corrosión de armaduras y degradación del concreto. En el caso de inyecciones epóxicas, diversos estudios han demostrado que la capacidad resistente de los elementos reparados puede recuperarse de manera significativa, mejorando su desempeño frente a cargas futuras.
En estructuras hidráulicas, subterráneas o expuestas a ambientes severos, la correcta rehabilitación de fisuras activas mediante resinas contribuye directamente a prolongar la vida útil del activo, reducir costos de mantenimiento y mejorar la seguridad operativa. Por ello, la inyección de resinas epóxicas y poliuretánicas debe entenderse como una herramienta técnica estratégica dentro del enfoque integral de diseño, rehabilitación y gestión de infraestructura.



